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8 oct 2012
EL SALAMIN Y EL UNIVERSO (Leyenda Patagonica)
EL SALAMIN Y EL UNIVERSO (Leyenda Patagonica)
Casi en la esquina, donde se rascan las calles Roca y 9 de Julio está la fiambrería tradicional de Esquel, La Morocha. Aún mantiene el viejo mostrador de antaño, las máquinas de cortar fuertes, robustas y ese aroma de orgías de quesos y embutidos varios que conmueve paladares.
La mayoría de los ciudadanos compramos muchos de los productos fiambreriles, pero si usted no es de por aquí, acérquese. Le voy a confesar un secreto.
Sobre el gordo mostrador conviven los frascos de maní, picles, papas fritas. Arriba de ellos habitan cual sentenciados a pena de muerte, colgados, los salamines picados gruesos y los picados finos. Los hay de todas las marcas y precios.
Pero la tradición oral en Esquel viste un mito que rodea la fiambreria La Morocha. También hay una referencia en el libro del escritor Lautaro Antrichipay "El Capón tiene mala prensa", en la página 56 el segundo párrafo dice textualmente:
"Mientras esperaba el vuelto de la amable y pulposa comerciante, sentí una voz grave, arenosa. Me decía, léeme... léeme y comprenderás el Universo. Ahijuna, exclamé, con los palitos salados en la mano, alguno de esos salamines se dirigió a mi".
Lideres espirituales de todo el mundo, filósofos, científicos prestigiosos de Alemania, Chamanes de la Amazonia, astrónomos de la Naza y proveedores de pan de miga han intentado develar mediante artilugios varios, sofisticadas herramientas y precisas lupas cual es el Salamin Universal. Las mujeres que atienden y sus dueños no hablan al respecto. Dicen no saber nada e incluso tratan de salames a los que preguntan sobre el tema.
Lo cierto es que cierto día, el Astrónomo y Profesor Nestor Camino, jura haber percibido en el interior de un salamin de La Morocha leves movimientos de los pedacitos de grasa y carne, e incluso zonas que brillaban con inoportuna intensidad. Asegura haber visto pasar, adentro de ese salamin, un grano de pimienta con una cola blanca, atravesar de punta a punta el salamin como lo hacen los cometas. Pero un repentino y breve corte de luz volvió a confundir al misterioso salamin entre los más vulgares salamines colgados.
No nos rindamos ante la dictadura de la Ciencia, quizás tenemos entre nuestras manos (disculpe la expresión), el Salamín más extraordinario de la historia. Un Salamín que contiene el nacimiento, expansión y desarrollo del Universo.
Hay que tener poca fe, desconocimiento de la magia o ser un salamin para no poder apreciar el Universo en el vientre de un embutido.
Calaverita Mateos (Esquel)
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26 ago 2012
LA LECHUSUEÑERA (Leyenda patagonica)
LA LECHUSUEÑERA (Leyenda patagonica)
Las garras amargas del escepticismo tiene su frontera en un punto de nuestro Pueblo. Nadie ha dudado jamás de la existencia de La Lechusueñera.
Los galeses se arrogan el mito. Los Mapuches dicen que sobrevuela su cosmovisión incluso antes de la llegada de los blancos a esta tierra.
Los ornitologos afirman que vive en la pared oriental de la buitrera. Los miembros del colegio de abogados de la ciudad ubican su nido en la araucaria más alta del cementerio. En cambio, el sindicato de canillitas jura tener fotos del nido que se encuentra en el tanque de agua en el techo de la fiambreria La Morocha. Eso si, todos coinciden en la importancia onírica de la exótica ave.
Todas las noches, La Lechusueñera, vuela por sobre los techos de Esquel olfateando las chimeneas ya que por estos orificios suelen evacuarse, por su propio peso especifico, los sueños de las mujeres cuyas historias hablan de los hombres que no pudieron conquistar por las miserables fronteras sociales o por la migración de aquellos a lejanos países.
También, por el orificio de las chimeneas, fluyen tristes sueños de los hombres que han enviudado sin haberles dicho en vida a sus esposas lo tanto que la amaban.
En las noches heladas, pero principalmente las de luna llena, la Lechusueñera huele las chimeneas absorviendo estos mapas oniricos de los corazones que salpican lagrimas. Luego, en vuelo silencioso, viaja hasta una vertiente que nace en lado bravo del cerro Nahuelpán. Una vez en el lugar, el ave sacude sus plumas de nieve y escarcha, para que los sueños y las penas caigan en el frío manantial.
Esta agua, al parecer, tiene la propiedad mística de articular las historias que otrora no se habían cruzado a pesar de la poca población de Esquel. Con su pico de granito y cuarzo, la Lechusueñera deja caer en la vertiente ramitas de retama y frutos de calafate. Entonces, espera, mientras el movimiento de los sueños se acomodan en loco juego debajo del agua.
Una vez que los casales oníricos han trabado lazos, la Lechusueñera bebe del manantial cristalino y emprende vuelo nuevamente. Desanda el vuelo emprendido en busca de aquellos sueños y, chimenea tras chimenea, va depositando gotitas de rocío por los agujeros según los designios del agua y el conglomerado de amor estructurado bajo las ordenes del Nahuelpan.
Acabo de escribir esto, pidiendo disculpas al lector ya que recién llego a casa, medio beodo, luego de una noche con amigos cansado de fatigar botellas, charlas de fútbol, polleras y revoluciones con cuchillos de plástico y pistolas con chasquibum. Y en la soledad de las esquelenses calles madrugadoras vi una señora mayor caminando en camisón de la mano de un hombre entrado en edad, vestido en pijama y pantuflas, que la miraba enamorado mientras la besaba bajo el neón de la Volta y Avear.
Al principio pensé en lo ridículo de la situación, pero al sentir en mi nuca el vuelo rasante de un ave que jamás había visto que volaba en dirección a la Buitrera. Entonces lo supe y sobrevino una ternura profunda.
La Lechusueñera regresaba a su nido luego de una jornada laboral de amor cumplida.
Calaverita Mateos
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23 jun 2012
Parado, hace más de una década en Pocito de Quichaura, en una casa de típica arquitectura Mapuche. El respeto por las curvas y los colores del paisaje es maravilloso, como una extensión mas de la tierra.
Insisto, la Meseta Patagonica tiene la energía más en sincro con mi vida. Mi casa tendrá, seguramente, influencias de estas estructuras.
Calaverita Mateos
Insisto, la Meseta Patagonica tiene la energía más en sincro con mi vida. Mi casa tendrá, seguramente, influencias de estas estructuras.
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Para los esquelenses, cuando uno regresa luego de mucho tiempo afuera, hay un momento en un punto determinado en que la ruta, la vía del tren, el Cerro 21, la Cruz, el Nahuelpàn, el cielo, los álamos y los pinos, el mallin y las chacras, confluyen en un palpito agitado de felicidad...es entonces cuando sabemos que estamos ingresando a Esquel.
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Rìo Chubut, Piedra Parada y después...
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"PROPIDA PRIBADA"
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LA CONCHA DE DIOS
LA CONCHA DE DIOS
La encontré acostada sobre la meseta patagonica, piel con surcos rasguñados por el viento. Con las piernas abiertas al Sol y los varios labios, una invitación a la sabiduria, vellos que resguardan la humedad necesaria para la vida.
Tu hijo, Ricardo Iorio, ultimo de los poetas malditos criollos, te nombró en una canción como la "Concha de Dios". Fue crucificado por los guardianes de la moral y las buenas costumbres, por los progresistas que beben Coca Cola light en el vientre del Unicenter Shoping y también por las sotanas impúdicas.
Hasta ese momento, nadie habìa sido tan crudo para revertir el caracter patriarcal de la concepción occidental del universo.
Ricardo, con su rustica verba que no acaricia, pero que es decidora, contestó con honestidad brutal ante la pregunta de un prepotente periodista:
“¿Qué es la concha de Dios, Ricardo?
El big bang, la madre naturaleza, la potencia en Dios en un núcleo que nos hizo nacer a todos, esa es la concha de Dios.”.
La encontré acostada sobre la meseta patagonica, piel consurcos rasguñados por el viento. Con las piernas abiertas al Sol y los varios labios, una invitación a la sabiduria, vellos que resguardan la humedad necesaria para la vida.
Le dio al concepto universo una idea femenina, de Madre. Brutal y sin lenguas en el pelo, si se quiere, pero dijo lo que todos los pueblos originarios del mundo ya lo hicieron ancestralmente. Entre otras formas, te nombraron Pachamama.
La encontrè acostada sobre la meseta. Ricardo te nombrò al igual que los ancestros.
Descanse tranquila, nomàs, Pachamama querida.
Calaverita Mateos
La encontré acostada sobre la meseta patagonica, piel con surcos rasguñados por el viento. Con las piernas abiertas al Sol y los varios labios, una invitación a la sabiduria, vellos que resguardan la humedad necesaria para la vida.
Tu hijo, Ricardo Iorio, ultimo de los poetas malditos criollos, te nombró en una canción como la "Concha de Dios". Fue crucificado por los guardianes de la moral y las buenas costumbres, por los progresistas que beben Coca Cola light en el vientre del Unicenter Shoping y también por las sotanas impúdicas.
Hasta ese momento, nadie habìa sido tan crudo para revertir el caracter patriarcal de la concepción occidental del universo.
Ricardo, con su rustica verba que no acaricia, pero que es decidora, contestó con honestidad brutal ante la pregunta de un prepotente periodista:
“¿Qué es la concha de Dios, Ricardo?
El big bang, la madre naturaleza, la potencia en Dios en un núcleo que nos hizo nacer a todos, esa es la concha de Dios.”.
La encontré acostada sobre la meseta patagonica, piel consurcos rasguñados por el viento. Con las piernas abiertas al Sol y los varios labios, una invitación a la sabiduria, vellos que resguardan la humedad necesaria para la vida.
Le dio al concepto universo una idea femenina, de Madre. Brutal y sin lenguas en el pelo, si se quiere, pero dijo lo que todos los pueblos originarios del mundo ya lo hicieron ancestralmente. Entre otras formas, te nombraron Pachamama.
La encontrè acostada sobre la meseta. Ricardo te nombrò al igual que los ancestros.
Descanse tranquila, nomàs, Pachamama querida.
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Esos celulares que, ademas de mensajes de texto y llamadas, nos permiten realizar panorámicas...en este caso en la costa del Río Chubut.
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"JUNTAMOS PIEDREGULLO Y MANTENEMOS EL EQUILIBRIO DEL UNIVERSO" (Leyenda Patagonica)
"JUNTAMOS PIEDREGULLO Y MANTENEMOS EL EQUILIBRIO DEL UNIVERSO"
(Leyenda Patagonica)
Los turistas y los recién arrimados a Esquel solían (suelen) mofarse de las palabras escritas en la carreta, algo tuerta de estabilidad, que rezaba: "Juntamos piedregullo y...", sin poderse observar la completud de la rustica publicidad.
Aparentemente, estos gendarmes del lenguaje, superponían el orden y estructura de la ortografía por sobre la belleza estética y la nobleza de un trabajo ejercido por dos hombres a quienes el tiempo tirano que nos rige no pudo alcanzarlos con su zarpaso de agujas y engranajes.
Lo cierto es que fueron pocos, me atrevo a contarlos con los dedos de las manos y los del pie izquierdo, quienes se acercaron hasta la mejilla derecha escrita de la precaria carreta para esforzarce en leer o preguntarle a ambos trabajadores, cuales eran las palabras que no alcanzaban a divisarse luego "Juntamos Piedregullo y...".
Una vez, junto a Artemio Bock, mientras estabamos realizando un mapa cartográfico de los postes de luz de la ciudad más propicios para escribir declaraciones de amor, vimos pasar la carreta y no desperdiciamos la oportunidad. Una vez al lado del carruaje ya detenido, ante la pregunta sobre el faltante de la frase, el amable hombre respondió con el tiempo de la patagonia que ahí dice (o decia): "Juntamos Piedregullo y mantenemos el equilibrio del mundo".
Continuó el Señor, comentando que todas las localidades del planeta tienen una o mas carretas, dependiendo de la cantidad de habitantes, que estan encargados de trasladar, mover, cambiar de posiciones las piedras (de todos los tamaños) de una calle a otra, de una casa a otra, de barrio en barrio, para que el eje del globo terráqueo no cambie y mantenga su estabilidad en la órbita de la galaxia y de ésta en el complejo mundo en expansión.
Inmediatamente recordé que, efectivamente, siempre andaban de aca para allá con la carreta trasladando escombros, piedras, pero sin perseguir fines de lucro, sino un fin muchísimo mas altruista. Resguardar la seguridad de un planeta, en este caso, la Tierra.
El querido Artemio Bock se llevó este secreto consigo a otros planos de la existencia. Yo lo mantuve hasta ayer, ya que al salir de la terminal me topè con la carreta heroica y su no menos heroico conductor. Me sorprendió ver sólo a uno de sus ocupantes. Me acerqué. Me reconoció con una débil, pero honesta sonrisa. Antes que alcanzara a preguntarle sobre su compañero, el hombre me dijo que su amigo había cumplido una tarea colosal y efectiva en Esquel, por este hecho, las fuerzas que diagraman el universo le habian encomendado una labor de mayor responsabilidad, la de mantener el equilibrio de la Vía Lactea y, que si me esforzaba yo en las noches despejadas, podía observar en aquella constelación pequeños movimientos de las estrellas. Pues bien, era la señal que la labor se estaba llevando a cabo como corresponde.
No estoy plenamente convencido si hago bien en revelar este secreto que mantuve durante tantos años, pero creo que si un porteño apurado que no comprende el tiempo y el lenguaje de los coirones, o un turista que solo anda de paso, se rie de una falla ortográfica en una carreta, me gustaría que regrese a su casa sabiendo que hay oficios en el mundo que están más allá de los gendarmes del lenguage.
Antenoche faltó una estrella en la Cruz del Sur, pero anoche colocaron otra en el lugar faltante. Gran labor la de este Vecino.
Calaverita Mateos
(Leyenda Patagonica)
Los turistas y los recién arrimados a Esquel solían (suelen) mofarse de las palabras escritas en la carreta, algo tuerta de estabilidad, que rezaba: "Juntamos piedregullo y...", sin poderse observar la completud de la rustica publicidad.
Aparentemente, estos gendarmes del lenguaje, superponían el orden y estructura de la ortografía por sobre la belleza estética y la nobleza de un trabajo ejercido por dos hombres a quienes el tiempo tirano que nos rige no pudo alcanzarlos con su zarpaso de agujas y engranajes.
Lo cierto es que fueron pocos, me atrevo a contarlos con los dedos de las manos y los del pie izquierdo, quienes se acercaron hasta la mejilla derecha escrita de la precaria carreta para esforzarce en leer o preguntarle a ambos trabajadores, cuales eran las palabras que no alcanzaban a divisarse luego "Juntamos Piedregullo y...".
Una vez, junto a Artemio Bock, mientras estabamos realizando un mapa cartográfico de los postes de luz de la ciudad más propicios para escribir declaraciones de amor, vimos pasar la carreta y no desperdiciamos la oportunidad. Una vez al lado del carruaje ya detenido, ante la pregunta sobre el faltante de la frase, el amable hombre respondió con el tiempo de la patagonia que ahí dice (o decia): "Juntamos Piedregullo y mantenemos el equilibrio del mundo".
Continuó el Señor, comentando que todas las localidades del planeta tienen una o mas carretas, dependiendo de la cantidad de habitantes, que estan encargados de trasladar, mover, cambiar de posiciones las piedras (de todos los tamaños) de una calle a otra, de una casa a otra, de barrio en barrio, para que el eje del globo terráqueo no cambie y mantenga su estabilidad en la órbita de la galaxia y de ésta en el complejo mundo en expansión.
Inmediatamente recordé que, efectivamente, siempre andaban de aca para allá con la carreta trasladando escombros, piedras, pero sin perseguir fines de lucro, sino un fin muchísimo mas altruista. Resguardar la seguridad de un planeta, en este caso, la Tierra.
El querido Artemio Bock se llevó este secreto consigo a otros planos de la existencia. Yo lo mantuve hasta ayer, ya que al salir de la terminal me topè con la carreta heroica y su no menos heroico conductor. Me sorprendió ver sólo a uno de sus ocupantes. Me acerqué. Me reconoció con una débil, pero honesta sonrisa. Antes que alcanzara a preguntarle sobre su compañero, el hombre me dijo que su amigo había cumplido una tarea colosal y efectiva en Esquel, por este hecho, las fuerzas que diagraman el universo le habian encomendado una labor de mayor responsabilidad, la de mantener el equilibrio de la Vía Lactea y, que si me esforzaba yo en las noches despejadas, podía observar en aquella constelación pequeños movimientos de las estrellas. Pues bien, era la señal que la labor se estaba llevando a cabo como corresponde.
No estoy plenamente convencido si hago bien en revelar este secreto que mantuve durante tantos años, pero creo que si un porteño apurado que no comprende el tiempo y el lenguaje de los coirones, o un turista que solo anda de paso, se rie de una falla ortográfica en una carreta, me gustaría que regrese a su casa sabiendo que hay oficios en el mundo que están más allá de los gendarmes del lenguage.
Antenoche faltó una estrella en la Cruz del Sur, pero anoche colocaron otra en el lugar faltante. Gran labor la de este Vecino.
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ADOLF WINTER FRUNCETTI (Leyenda Patagonica)
ADOLF WINTER FRUNCETTI (Leyenda Patagonica)
No se sabe con exactitud prusiana, pero si que aproximadamente entre finales de 1800 y principios de 1900, nacía en la localidad de Gastre, Adolf Winter. Hijo de Agustina D. Cuada y Prudencio Winter.
Adolfito tuvo la desgracia de concurrir a una fiesta familiar de fin de año en donde, lamentablemente, se le escapo una serie de flatulentos gases que provocaron la estampida familiar, provocando definitivamente la ruptura de los lazos familiares.
Este hecho hizo que Adolfito comenzara a entrenarse diariamente camino a la escuela, en las clases de lengua y matemáticas, mientras almorzaba y cenaba. El entrenamiento consistía en visualizar un punto fijo, centrar la atención, morder suavemente los labios disimulando el esfuerzo y fruncir las nalgas obstruyendo el egreso de los flatos impertinentes.
A los 19 años, Adolf Winter perfeccionó su técnica de Fruncimiento de Culo, publicando el libro que se convirtió rápidamente en best seller y mas vendido aun que la Biblia. El libro se llamó "Técnicas de Fruncimiento en pos de la unidad Familiar", con prologo de Bartolmè Mitre e incorporó a su documento el apellido Fruncetti.
Hoy en dia en Gastre, se levantó un monumento a los pedos en homenaje a Fruncetti, gracias a quien todas las familias de la patagonia le deben la unión y el sosten de los lazos familiares màs afectivos.
Calaverita Mateos
No se sabe con exactitud prusiana, pero si que aproximadamente entre finales de 1800 y principios de 1900, nacía en la localidad de Gastre, Adolf Winter. Hijo de Agustina D. Cuada y Prudencio Winter.
Adolfito tuvo la desgracia de concurrir a una fiesta familiar de fin de año en donde, lamentablemente, se le escapo una serie de flatulentos gases que provocaron la estampida familiar, provocando definitivamente la ruptura de los lazos familiares.
Este hecho hizo que Adolfito comenzara a entrenarse diariamente camino a la escuela, en las clases de lengua y matemáticas, mientras almorzaba y cenaba. El entrenamiento consistía en visualizar un punto fijo, centrar la atención, morder suavemente los labios disimulando el esfuerzo y fruncir las nalgas obstruyendo el egreso de los flatos impertinentes.
A los 19 años, Adolf Winter perfeccionó su técnica de Fruncimiento de Culo, publicando el libro que se convirtió rápidamente en best seller y mas vendido aun que la Biblia. El libro se llamó "Técnicas de Fruncimiento en pos de la unidad Familiar", con prologo de Bartolmè Mitre e incorporó a su documento el apellido Fruncetti.
Hoy en dia en Gastre, se levantó un monumento a los pedos en homenaje a Fruncetti, gracias a quien todas las familias de la patagonia le deben la unión y el sosten de los lazos familiares màs afectivos.
Calaverita Mateos
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29 may 2012
CABEZAS DISPERSAS DE ESQUEL (Leyenda Patagonica)
CABEZAS DISPERSAS DE ESQUEL (Leyenda Patagonica)
En los arrabales de Esquel, aunque sin precisar la ubicación, se constituye un bar pequeño. Austero, con una discreta asistencia diaria. Los recolectores de basura dicen, mientras revolean las bolsas en las fauces de los camiones, que el señor que atiende el lugar es el mismísimo Dios.
Su principal característica, cuentan los juristas y bibliotecarios se centra en sus parroquianos, llamados por los ciudadanos "Cabezas Dispersas".
Algunos afirman que los Cabezas Dispersas constituyen una secta. Otros, arriesgan se trata de seres provenientes de la octava luna de Saturno. Màs cercanos o parientes, aseguran sin duda que sólo se trata de un grupo de vagos charlatanes de mierda.
Aunque no existen registros fotográficos ni documentos serios al respecto, es vox populi que los Cabezas Dispersas se juntan en el Bar esperando la hora 23:16 de la noche, conocida como la "Hora Diente de Leòn". En ese preciso instante, las cabezas de los hombres del bar mutan en panaderos, vestidos de copiosas semillas de achicorias dispuestas a evacuar.
Cada una de esas semillas o, como lo denominábamos en la niñez, panaderos, corresponde a un nuevo pensamiento. Los hay livianos, con peso especifico y algunos de certera insignificancia. La tarea de los Cabezas Dispersas es llegar a un trance mediante la pronunciación del mantra regional "Chuuuuucha, Bolò". Una vez sumidos en ese éxtasis místico, las Cabezas Dispersas o, en este caso, las Cabezas de Diente de León explotan en una nevada semillera blanca. Estas se colan por las ventanas, la puerta y las ranuras del viejo bar para exiliarse del mismo en busca de receptores en la ciudad.
Si bien los Biólogos aseguran que estos paracaidas descienden en la tierra para dar origen a nuevas plantas de achicoria y su nuevo ciclo de vida, los esquiladores mas viejos están en contra de esta hipótesis. Sostienen que los pequeños paracaídas blancos surcan los cielos a una altura baja para enredarse en los cabellos de los transeúntes, en los pelos de la nariz o en las pestañas postizas de viejas que hacen compras.
Cada una de estas semillas contienen en su núcleo la historia futura, el horizonte del pasado y los extremos del presente. Borges lo llamò El Aleph.
Turistas del país, porteños recién llegados, y extranjeros, ayunos de mística vital suelen sospechar que los ciudadanos de Esquel custodian cada uno una semilla, un paracaídas o alguna de estas semillas entre sus cabellos y poseen el don de los sabios, pero no se jactan de ello.
La leyenda de los Cabezas Dispersas es eso simplemente para los no entendidos o los que no quieren entender. Pero para quienes el fruto de las achicorias es el universo mismo, no transamos ni vendemos información acerca del bar ni de sus clientes.
Si encuentra un panadero aun con su cabeza a punto nieve, por favor, no se haga el distraído, se trata de clientes del bar que por enfermedad o edad no llegaron al bar. Tome el panadero con sumo cuidado, soplelo y permita que los paracaídas (pensamientos) vuelen en busca de nuevos caminantes. Los esquelenses se lo agradeceremos infinitamente.
Calaverita Mateos
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